sábado 10 de abril de 2010
El pago de la belleza
Era hermosa. Su tez blanca y sus enormes ojos negros cautivaban a cualquiera. Al menos, así había sido toda su adolescencia, cuando los hombres caían rendidos a sus pies. Ahora, todo era diferente. Sus cabellos negros estaban enrredados y sucios. Las ojeras se habían marcado en su angelical rostro y las cicatrices de su boca apenas empezaban a sanar. ¡Maldito el día en que se enamoró! Todos se lo advirtieron, su padre, su madre, sus hermanos. El pacto no debía romperse, porque el infierno siempre pesa más en la tierra. Lamentablemente, Samantha nunca lo creyó. Ella se sentía capaz de luchar contra todo y contra todos. Lamentablemente, aún no sabía contra quién se enfrentaba y el tamaño de la íra que cobijaba aquel sangrante corazón. No, hasta que tuvo que enfrentarse cara a cara con el odio, la rabia y los improperios del señor de la tinieblas. En aquel, instante comprendió todo. Su destino. Sus sueños. Sus premoniciones. Siempre estaría atada a su voluntad gracias a un sacrificio sellado con sangre desde su nacimiento. Su alma fue entregada a él a cambio de un sustanciosa suma de dinero, varias propiedades y poder. Nadie de su familia se arrepentía. Sólo ella.
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